Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia,
México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, EEUU y Vietnam acaban de cerrar un acuerdo
para liberalizar el comercio y las inversiones y crear así un área de libre
comercio, una idea que se planteó por primera vez hace más de una década y
media.
El Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, según sus
siglas en inglés) abarca a un conjunto de economías que suponen el 40% del PIB
mundial, y supone el primer éxito tangible en la estrategia de Barak Obama
del giro al Pacífico, que consiste en centrar la política
estadounidense en la región en la que se va a decidir el poder en el siglo XXI,
en detrimento de Europa y Oriente Medio.
Éste es el mayor acuerdo de libre comercio en el que
se ha embarcado Estados Unidos desde que hace 20 años entró en vigor el NAFTA,
formado por ese país, Canadá, y México.
Washington, que ha sido el principal impulsor del
acuerdo, lo ve como una iniciativa más política que económica que, además,
podría servir de modelo, hasta cierto punto, para el TIPP, un acuerdo similar
que está siendo negociado entre EEUU y la UE, y en el que el Gobierno de Obama
ha mostrado bastante menos interés que en el TTP.
Al fin y al cabo, en torno al 90% de los puestos de
trabajo en EEUU no se ven afectados por el comercio internacional, según una
estimación de Peter Petri, delthink tank Peterson
Institute For International Economics. El impacto del TTP en el empleo
estadounidense también será inexistente, según Petri.
Unificar las reglas
La clave del acuerdo es que
integra a las economías de Estados Unidos y una serie de mercados emergentes de
Asia y América latina. Dado que Estados Unidos ya tiene los aranceles bastante
bajos, gran parte de la liberalización corresponderá a sus socios.
El acuerdo también supone una importante unificación
de las especificaciones técnicas que debe tener un producto o un servicio para
entrar para entrar en un país. Ésa es también una ventaja para los países más
desarrollados del acuerdo, como Japón, Canadá y Estados Unidos, que son,
también, los que tienen un sistema regulatorio más desarrollado.
La firma del TPP cierra cinco años de negociación
internacional, pero inicia ahora otro duro proceso para lograr su ratificación
por el Congreso de Estados Unidos. Tanto la derecha republicana como la
izquierda demócrata se oponen a la acuerdo, al que acusan de facilitar la
"exportación" de puestos de trabajo estadounidenses a países de
salarios bajos y la deslocalización de empresas en jurisdicciones con
regulaciones medioambientales laxas.
El candidato republicano a la presidencia Donald Trump
ya declarado que, si gana las elecciones del 2016, denunciará el tratado. Para
la izquierda demócrata que sigue al candidato Bernie Sanders, el TPP es una de
las mayores traiciones de Obama a su electorado.
Para la Casa Blanca y las grandes empresas
estadounidenses, sin embargo, es un éxito sin paliativos. Aunque no haya
recibido la atención de los medios de otras iniciativas, el TTP es una de las
áreas en las que Barack Obama ha invertido más capital político. El acuerdo
firmado hoy, además, abre la puerta a la entrada en la organización de tres
gigantes que están fuera de ella: China, Corea del Sur, e India.
Como suele ser habitual en estos casos, los
principales motivos de controversia asilo las patentes farmacéuticas, la
reducción de los aranceles a la importación de productos de alimentación, como
azúcar, lácteos y arroz, y las normas de origen en el sector de automoción, es
decir, qué porcentaje de un automóvil debe ser fabricado en un determinado país
para que el vehículo pueda ser considerado de producción nacional.
Fuente: http://www.elmundo.es/economia/2015/10/05/56127106e2704ef9628b4587.html

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